Núcleo de Investigaciones en Políticas Públicas Urbanas (NIPPUR)

Cabecero

La definición de modos de proyectar apropiados a un determinado contexto supone revisar hipótesis tradicionales de supuesta validez universal.

El proyecto urbano en contextos de abundancia suele entenderse como un instrumento adecuado para el desarrollo excluyente de “áreas de oportunidad” o para el “embellecimiento” del espacio público. Sin embargo, cuando las solicitaciones resultan más fundantes y esenciales, cuando lo que está en juego no es obtener una mayor plusvalía sino la existencia misma de su posibilidad, la repetida frivolización de la herramienta no debe impedirnos volver sobre ella para redefinirla. Lejos de abandonarla, se trata de reconsiderarla para otros objetivos en otros entornos.

Algunos dirán que se trata de otra cosa, de otros saberes, que la idea de proyecto urbano está definitivamente asociada a villas olímpicas, peatonalizaciones de centros históricos, o nuevas centralidades de especulación. En definitiva a la consolidación de lo ya consolidado. Muy por el contrario, preferimos hablar de otros modos de ejercicio, no de otro ejercicio. La digresión no es menor. Hablar de otro saber es cristalizar la idea de que existe proyecto sólo en entornos favorables y que para remediar injusticias debe existir otra cosa. En otras palabras que las disciplinas originales de la Arquitectura y el Urbanismo, las tradicionales y escritas con mayúscula, atienden y atenderán sólo los recortes de hábitat que le son “naturales”, dejando la carencia librada a la suerte de los voluntarismos y las transgresiones.

En contextos donde la supuesta excepción, en nuestro caso la informalidad, la exclusión, en definitiva la injusticia, suelen adquirir dimensiones de regla o al menos de aspectos constitutivos, el término genérico debe abrir paso a la definición de diversas modalidades de ejercicio y práctica profesional, en consecuencia directa de diversos modos de producción y ocupación del espacio.